Washington — El ciberespionaje estatal protagonizado por China y otros actores avanzados ha experimentado un aumento notable, con campañas persistentes dirigidas a telecomunicaciones, infraestructuras críticas y empresas privadas. Las operaciones muestran un cambio progresivo desde la obtención de información hacia el preposicionamiento para posibles acciones de sabotaje.
Investigadores de ciberseguridad han identificado intrusiones prolongadas en redes corporativas, con técnicas diseñadas para mantener acceso encubierto y moverse lateralmente sin ser detectados. Estas actividades afectan no solo a gobiernos, sino también a compañías tecnológicas, energéticas y de transporte.
El sector privado se ha convertido en un objetivo prioritario debido a su papel en la gestión de datos sensibles y servicios esenciales. Las campañas incluyen explotación de vulnerabilidades en equipos de telecomunicaciones, ataques a proveedores y compromisos de cadenas de suministro digitales.
Autoridades occidentales advierten que la frontera entre espionaje y preparación para sabotaje se está difuminando, con actores estatales buscando posicionarse dentro de sistemas críticos para futuras operaciones de presión o disrupción. La amenaza es considerada de alta prioridad por su impacto directo en la continuidad operativa empresarial.
Expertos subrayan que la resiliencia corporativa dependerá de la detección temprana, la segmentación de redes y la cooperación entre gobiernos y empresas para compartir inteligencia y mitigar riesgos crecientes.

